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Reflejo
Me muestro. Me ves. Te ves.
Mi mano se apoya entre mi corazón y mi hombro, entre mi alma y mi empeño. Me cubren mis
ancestros, de ellos obtengo calidez y lucidez, el manto de tantos tiempos vividos, por tantas, por tantos:
El rojo es sangre derramada, sufrimiento inútil: no lo olvides, te interpela la fragilidad de mi carne,
tu agresividad nos pone en peligro.
El gris es blanco ensombrecido, esperanza condicionada a las acciones que llevemos a cabo hoy
mismo: no lo olvides, has de decidir qué hacer, hacia dónde quieres ir.
Pero, recuerda, mi juventud solo ofrece posibilidades. Pese a que venimos de hace ya mucho
tiempo, casi todo está por recorrer, casi todo está en nuestras manos.
Vimos puntos de luz, en su día. Estos se tornaron estrellas mientras caminábamos. Ahora vemos
que en verdad esos destellos son soles alcanzables... Y yo no lo dudo, llegaremos donde nos
propongamos, pero juntos.
De nosotros han nacido las diosas y los dioses más poderosos, y también el niño más indefenso:
somos fuerza divina y pura inocencia; somos garra tenaz y sedosa endeblez andando por pasado, presente
y futuro, conquistando el tiempo, el espacio, la materia, la energía... Avanzamos, trascendemos,
superamos, creamos; así grita nuestro interior.
Por ello te ofrezco mi mirada más profunda. Para que veas más allá, para que encuentres el camino
que deje atrás la barbarie y la insensatez. Para que entiendas que tu fuerza no tiene límites cuando sabes
usarla. Para que tomes consciencia de que mi mirada, tu mirada, esconde infinitas posibilidades.
Me ves.
Te ves.
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