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Esta imagen es mi duelo. Es el reflejo de un dolor que muchas mujeres llevamos en silencio, un dolor que no se ve, pero que se siente en cada latido. Cuando perdemos a nuestros bebés, el vacío parece absoluto, como si nos arrebataran una parte de nosotras mismas. Pero hay algo que nadie nos dice: ellos nunca nos dejan del todo.
Sus células siguen en nuestro cuerpo, entrelazadas con las nuestras, corriendo por nuestras venas como un lazo eterno. Siguen aquí, en nuestra piel, en nuestra sangre, en nuestra esencia. Y aunque el mundo avance como si nada hubiera pasado, nosotras sabemos que sí pasó, que existieron, que fueron amados.
Esta imagen es un recordatorio para ti, para mí, para todas las mujeres que han sentido este dolor. No estamos solas. Llevamos en nosotras la prueba de que existieron, de que dejaron su huella. Y aunque el dolor nunca desaparezca del todo, también está el amor, la conexión, la certeza de que, de alguna forma, siguen con nosotras.
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